Decorarse el pene no es tan raro como puede parecer. Las primeras evidencias de dibujos en los genitales datan de la Prehistoria. Desde entonces el hombre no ha dejado de tatuarse el pene.
En el Museo Schloss Hohentubiengen de Tübingen, Alemania, se puede ver una pieza con forma fálica decorada que hacen pensar en la práctica de marcas ornamentales sobre los penes desde hace más de 30.000 años bien como signo de distinción social, bien con finalidades curativas o con algún tipo de relación con la mitología.
Caro y doloroso
Los tatuadotes aseguran que no es más complicado ni peligroso, aunque “sí más doloroso”, que en otras partes del cuerpo.
Lo difícil es encontrar un tatuador dispuesto a trabajar en el pene. La mayoría se niegan y eso encarece el precio, a veces, hasta lo duplica. Además el tatuaje debe de hacerse con el pene erecto y a poder ser sin ayuda de viagra.
Aunque en la Red circulan rumores de hay quien se ayuda de la viagra, los tatuadores explican que esto puede impedir clavar la aguja y los médicos recuerdan que este medicamento no debe tomarse sin receta.
Se aceptan otro tipo de ayudas externas como cremas potenciadoras de la erección o de la mano de novias o amigas con derecho a roce porque no me imagino yo al tatuador masturbando al tatuado para que no se le baje la erección.
Todo aquel que lleve algún tatuaje sabe que el dolor es relativo. Depende de la persona y también de la zona que se tatua.








